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lunes, 30 de mayo de 2011

ORFEO

El canto de las Musas encerraba toda la belleza y toda la sabiduría del Universo, pero hubo un mortal que con su lira fue capaz de producir una música tan bella y tan poderosa como dicho canto. Ese mortal se llamaba Orfeo.
    Las bestias más salvajes se apaciguaban al escuchar su lira. Los árboles y las rocas se movían como si estuvieran bailando, las olas del mar corrían en dirección contraria, e incluso el fuego formaba bellas y caprichosas figuras ante los mágicos acordes.
     Orfeo se casó con la ninfa Eurídice, de quien estaba profundamente enamorado. Pero apenas habían pasado unas cuantas semanas del matrimonio cuando ella fue mordida por una serpiente y pronto murió, sin haber podido despedirse de su amado.
    Orfeo entristeció profundamente. Abandonó todas sus pertenencias y se internó en el bosque con la única compañía de su lira. Se pasaba el día y la noche enteros tocando. Los animales y las ninfas, los sátiros, los dioses e incluso los centauros, comenzaron a llorar en cuanto aquellas tristísimas notas llegaban a sus oídos.
     Así pasó algún tiempo, Orfeo estaba fuera de sí de tanta tristeza. Por fin, una noche le vino a la mente de la idea de bajar hasta el Mundo de los Muertos, en busca de Eurídice.
    Tal vez ahí podría encontrarla, tal vez, incluso, podría lograr que Hades les permitiera regresar juntos a la Tierra. Sin más preparativos se encaminó hacia una gruta que tenía fama de conducir directamente al inframundo. Entró en ella; ante la música de su lira, los senderos subterráneos parecieron iluminarse y volverse más amplios. No fue muy largo el camino hasta la orilla del río Aqueronte, que separa el mundo de los vivos del de los muertos.

En un punto de aquella ribera se localizaba un embarcadero; desde ahí las sombras de los muertos debían llamar a Caronte, el barquero, haciendo sonar un gran cuerno. Orfeo no lo hizo, en cambio, siguió tocando y tocando su instrumento. Caronte respondió a tan irresistible llamado. Era un viejo decrépito y mal vestido que gobernaba una ruinosa embarcación.
    El trabajo de Caronte consistía en transportar las sombras de los muertos de un extremo al otro lado del río; por ello exigía recibir una moneda como pago; sin embargo, aceptó llevar a Orfeo gratuitamente, con tal de que éste no dejara de tocar durante el viaje.
Ya en la otra orilla, Orfeo dejó de tocar. Una multitud de sombras lo rodearon. Se encontraban muy excitadas, pues ningún ser vivo había penetrado nunca hasta aquellas profundidades.
    Entre las sombras, Orfeo reconoció las figuras de algunos reyes y héroes de los que había oído hablar, pero que habían muerto hacía mucho. Las sombras, por su parte, se arremolinaban a su alrededor haciéndole preguntas acerca de la Tierra y pidiéndole algo de sangre para alimentarse. Él se perdió entre ellas en busca de su amada.
    Finalmente, la vio a lo lejos; se encontraba llorando bajo el tronco retorcido de un árbol. Orfeo comenzó a tocar de nuevo. Eurídice y Orfeo se presentaron frente al trono de Hades. A un lado de éste, se hallaba sentada Perséfone, la joven diosa que hacía tiempo que él raptara y con la cual ahora estaba casado; ambos regían el Mundo de los Muertos.
    Orfeo suplicó que se le permitiera regresar junto con Eurídice al mundo de los vivos; tocó la lira y entonó cantos sentimentales. Los dioses se conmovieron y finalmente otorgaron su consentimiento.
- Regresen juntos hasta la luz del día- dijo Hades-. Pero, ten mucho cuidado, Orfeo, de no mirar el rostro de tu esposa sino hasta que se encuentren de nuevo al aire libre. Si lo haces, la perderás para siempre.
    Orfeo agradeció la bondad de los dioses, y desde ese momento evitó mirar a Eurídice; inmediatamente los esposos iniciaron el ascenso hacia la Tierra. Iban tomados de la mano; Orfeo caminaba delante y Eurídice lo seguía.
     Cruzaron el Aqueronte en sentido opuesto al de todos los pasajeros de Caronte. Para iluminar el camino, él portaba una antorcha encendida. El trayecto fue difícil y agotador, pero finalmente vieron la luz del día. Se sintieron muy felices y apresuraron el paso.
    Cuando se encontraban a punto de salir a la superficie, Eurídice tropezó con una piedra y cayó al suelo. Orfeo volteó para ayudarle y accidentalmente la miró a los ojos. En ese momento ella se desvaneció para regresar al reino de Hades… Nunca más volvieron a encontrarse.

CLOTO
BIBLIOGRAFÍA.
TRUJILLO, F. (2000) Mitología fantástica para niños. Selector: México.

ADONIS

Un día, la esposa del rey Ciniras de Chipre declaró atolondradamente que su hija Mirra era más hermosa que Afrodita. La diosa se vengó del insulto haciendo que Mirra se enamorase de su padre y subiera al lecho de éste en una noche oscura.
    Más tarde, Ciniras descubrió que era padre y abuelo del hijo que Mirra llevaba en su seno y, furioso, tomó una espada, sacó a su hija del palacio y la dejó abandonada en la cumbre de una colina, donde Afrodita la convirtió en el arbusto que produce la mirra, conocido afrodisiaco. De este arbusto nació el joven Adonis.
    Maravillada Afrodita de la hermosura del niño, lo ocultó en un cofre que confió a Perséfone, a quien encargó que lo guardase en un lugar oscuro. Perséfone, llena de curiosidad, abrió el cofre, halló a Adonis dentro y, prendada de él, se lo llevó a su propio palacio.

Cuando Afrodita se enteró de ello, fue a reclamar ante Zeus, quien dirimió la disputa ordenando que Adonis pasara cuatro meses en el Olimpo, y el resto del año lo dividiese entre las dos insaciables y enamoradas deidades. Pero Afrodita, obrando con engaño, es decir, llevando continuamente puesto su ceñidor mágico, acaparó a Adonis, y Perséfone fue a contar a Ares que Afrodita le era infiel con un simple mortal.
    Ares, celoso, se convirtió en jabalí y mató a Adonis en una cacería, ante los ojos de Afrodita. Anémonas brotaron de su sangre y su alma descendió al Hades. Zeus concedió a Afrodita que Adonis pasara los meses de verano con ella. La diosa del amor dio a Adonis un hijo, Golgos, y una hija, Beroea.
    El mito de Adonis, con ritos variantes, existió en muchos países del Mediterráneo Oriental. Bajo los nombres de Osiris, Tammuz, Adonis y Atis representó la muerte y la resurrección anual de la vida total de la naturaleza. Su existencia era maravillosa y efímera. En las costas de Siria y del Ática las mujeres lloraban al dios con grandes acentos de dolor.
    En Biblos, además de ofrecerle sacrificios, sus adoradores acudían a golpearse el pecho ante su tumba. Cuando el dios tenía que morir, las mujeres de Alejandría, suelta la cabellera y descubiertos los pechos, lanzaban al mar la imagen de Adonis.  

CLOTO
BIBLIOGRAFÍA.
BARTRA, Agustí. (1982). Diccionario de Mitología. Grijalbo: Barcelona.

domingo, 29 de mayo de 2011

LA CORNUCOPIA

Rea salvó a su pequeño hijo Zeus de ser devorado por Cronos. Dejó al bebé oculto en una cueva bajo el cuidado de una cabra. Esta cabra se llamaba Amaltea y sentía mucho cariño hacia el pequeño dios. Lo cuidaba con ternura y dedicación.
    Una vez, mientras los dos jugaban, el niño por accidente arrancó uno de los cuernos de la cabra: aunque todavía era pequeño, Zeus poseía gran fuerza. Amaltea dio un terrible grito y comenzó a llorar de dolor.


    Zeus se sintió muy apenado. Rápidamente colocó su manita sobre la herida e hizo desaparecer el dolor. Tomó el cuerno que yacía tirado en el suelo, se lo llevó a la boca y sopló por él como por una trompeta. Del cuerno comenzaron a brotar flores y frutas, leche, miel y semillas de todo tipo.
    Devolvió el cuerno a Amaltea, y ésta se maravilló ante los poderes del niño. Pero todas aquellas flores y alimentos y bebidas brotaban con tal abundancia del cuerno que hubiera resultado imposible conservarlo dentro de la cueva, así que Amaltea llamó a unas ninfas que vivían en un bosque cercano y se los entregó.
    Estas ninfas se dieron a la tarea de recorrer la tierra de un lado a otro, derramando los dones que manaban del cuerno sobre los mortales afortunados. Pronto se conoció aquel objeto maravilloso con el nombre de Cornucopia, o Cuerno de la Abundancia.
Cuando Amaltea envejeció y murió, Zeus colocó su figura en el cielo, en forma de una constelación. Actualmente, conocemos a esta constelación con el nombre de Capricornio.

                                                                                                                                                     CLOTO
BIBLIOGRAFÍA
TRUJILLO, F. (2000) Mitología fantástica para niños. Selector: México.


EL MITO DE NARCISO

Narciso, hijo de Cefiso y de la ninfa Liríope, quien el adivino Tiresias, (según la versión de Ovidio, al ser llamado por los padres para conocer el destino de del niño), predijo que éste <<llegaría a viejo si no se veía a sí mismo>>.
     Narciso crecía tan hermoso que hombres y mujeres le perseguían en busca de su amor; pero el desdeñaba a todos. Sucedió que un día, estando Narcisa de caza, le vio la ninfa Eco, se enamoró de él y lo siguió, pero nada obtuvo del gran desdeñoso.
     Eco, desesperada, se retiró a las soledades del bosque y pronto se convirtió en sólo una voz que gemía. Las doncellas despreciadas por Narciso, clamaron venganza al cielo, y fueron escuchadas por Némesis (la representación de la justicia) la cual hizo que, en un día de gran calor, Narciso se inclinara sobre una fuente para aplacar su sed y viera reflejado en el agua su rostro, que halló tan hermoso que no pudo apartarse de su contemplación.
     Enamorado de sí mismo, murió sin apartar los ojos de su imagen. Según una versión beocia, Narciso era un habitante de Tespis, cerca del Helicón. Era un joven de extraordinaria belleza, pero despreciaba las alegrías del amor, y no hacía el menor caso de otro joven, Aminias, que estaba enamorado de él y a quien terminó por enviar una espada.
     Aminias, comprendió el significado del regalo, se suicidó traspasándose con la espada delante de la puerta de la casa donde vivía Narciso. Los dioses decidieron castigar la crueldad de Narciso haciendo que se viera reflejado en una fuente y se enamorara de sí mismo. Desesperado de su pasión, se suicidó.
En el lugar donde cayó muerto, nació una flor, el narciso. Muchos pueblos han creído que el alma humana está en su sombra y, tambien, en la imagen reflejada en el agua o en un espejo. Frazer (1854-1941) nos cuenta que en una isla de Melanesia hay una laguna <<donde si uno mira, muere; el espíritu maligno se apodera de su vida por medio de su reflejo en el agua>>.
Los griegos consideraban como presagio de muerte que una persona soñase que se veía reflejada en el agua; temían que los espíritus de las aguas pudieran arrastrar la imagen reflejada de la persona o alma bajo el agua, dejándola así dispuesta a morir.
Éste debió ser posiblemente el origen de la leyenda del bello Narciso, quien languideció hasta morir al ver su imagen reflejada en la fuente.  

CLOTO

BIBLIOGRAFÍA
BARTRA, Agustí. (1982). Diccionario de Mitología. Grijalbo: Barcelona.


martes, 26 de abril de 2011

LA ILÍADA (Canto I y II)

<< Aquí no todos los aqueos podemos ser reyes; no es un bien la soberanía de muchos... uno solo es príncipe, uno solo es rey; aquel a quien Júpiter ha dado cetro y leyes...>>

ULISES(Canto II)


El primer canto de La ilíada, contra todo pronóstico, no inicia con la desgastada frase “Había una vez”, sino que comienza la historia de distinta manera: sitúa la epopeya en el noveno año de la guerra de Troya, poco antes de finalizar.
     En las primeras páginas, podemos vislumbrar desde primera fila, las confrontaciones que surgen entre Agamenón (un personaje necio, y que evita a toda costa, abrir su mente a opiniones externas), y Aquiles (otro personaje igual de complejo, un joven valeroso que defiende sus ideales a capa y espada); a causa de las jóvenes Criseida y Briseida, prisioneras de Agamenón y Aquiles, respectivamente.
     El padre de Criseida, angustiado por el rapto, decide hacer un trato con Agamenón, suplicándole que le devuelva a su hija a cambio de las ínfulas de Apolo, a lo que éste rechaza. Abatido por la respuesta, pide ayuda a Apolo; éste accede y envía una terrible peste a las naves griegas.
     Aterrorizados con el abominable castigo, los griegos exhortan a Agamenón a entregar a la joven a su padre. Se niega rotundamente; finalmente, accede, pero como buen negociante, desea algo a cambio: la joven Briseida como premio. Aquiles se encoleriza, pero nada puede hacer, pues Agamenón al ser un rey, es superior.
      Luego de terminada la discusión, Aquiles llora su desdicha, e implora a Tetis, su madre, que pida a Zeus que restablezca su honor como el poderoso combatiente. Tetis sube hasta el Olimpo y hace su petición a Zeus, quién después de mucho pensarlo, y temeroso de la ira de Hera, acepta.
     El segundo canto da continuidad al plan que maquina Zeus para proteger a Aquiles. Zeus solicita los servicios del Sueño, para que introduzca su mensaje en la mente soñolienta de Agamenón, dicho mensaje consta de breves y concretas frases: “Arma a los melenudos aqueos, y toma Troya, la ciudad de anchas calles”, entre otras.
       Una vez que Agamenón hubo despertado, decidió consultarlo con los griegos. Éstos, ansiosos por volver a su patria, no vieron con buenos ojos la noticia, pues ya bastantes habían sido los años en los que habían combatido sin esperanza alguna.
      Sin embargo, Hera, molesta por lo que planeaban hacer, llamó a Atenea y le dijo que descendiera con los mortales, y los instara a seguir luchando.
     Atenea, sin contratiempo alguno, descendió del Olimpo para pregonar su mensaje en boca de Ulises. Atónitos con las palabras de Ulises, se olvidaron de sus temores, del ferviente deseo de retornar a su patria, y decidieron seguir luchando.
     Posteriormente, Homero enuncia a los principales combatientes de ambos bandos, los griegos y los troyanos, hace mención de su cuidad de origen, así como la cantidad de soldados que viajaban con éstos.       


En gran parte de La ilíada, podemos ver que cada vez que un personaje es mencionado, le es agregado un epíteto como: “el de pies ligeros” o “la de mejillas sonrosadas”, entre muchos más. Es como si el autor quisiera en cada momento reafirmar la condición de sus personajes, para que así tuviéramos siempre presente cómo es el personaje, qué tan distinto es de los otros; Bacca menciona: “la epopeya clásica encierra siempre un mito, aureolando personas concretas que ponen ante los ojos del griego, lo que en el alma lleva entreverado de conceptos, imágenes y anhelos” ; por citar un ejemplo, tenemos al joven Paris, un personaje “concreto” que representa en sí mismo la pasión, o Héctor, que representa en sí mismo el patriotismo; dando como consecuencia, un mito en torno a ellos, un personaje que encierra por sí mismo los anhelos del pueblo, deseando éste fervientemente ser algún día como Aquiles el divino o Ulises el ingenioso.

REFERENCIA BIBLIOGRÁFICA

GARCÍA Bacca, David. Estudio preliminar, La Ilíada, Ediciones Océano-Éxito, España, 23 pp.

                                                                                                                                         
CLOTO (Andrea Anahí García)
     Asimismo, conviene resaltar una singular característica de Homero, pues nos describe a los dioses como humanos divinizados, por así decirlo, ya que muestran éstos, vicios, virtudes y necesidades humanas como lo es el sueño o el deseo carnal; recordemos la angustia que aqueja a Zeus al no saber que hacer para proteger a Aquiles, causando un profundo insomnio en el dios. Así pues “dioses demasiado humanos”, algo esencial que nos ayuda a identificarnos con ellos.

miércoles, 20 de abril de 2011

PARIS Y HELENA

<< Goza,goza de los encantos que a tu vista ofrezco... no doy fuerza ni valor, mas puedo ofrecerte hermosísima compañera.>>
AFRODITA


Cuando Helena, hija de Leda y Tindáreo, llegó al estado de mujer, todos los príncipes griegos se presentaron como pretendientes.
     Entre ellos se encontraba Odiseo, que aún sin tener la menor probabilidad de éxito, estaba dispuesto, en cambio, a ofrecer consejo a Tindáreo sobre cómo evitar querellas entre los contendientes.
     Siguiendo su consejo, Tindáreo hizo prestar a todos los reunidos, el juramento de que se unirían a aquél que Helena prefiriera. El elegido fue Menelao, quién llegó a ser rey de Esparta, y con quién procreó tres hijos: Hermione, Etiolao y Plístenes.
    ¿Por qué los Dioses proyectaron la guerra de Troya? Aún se desconocen los motivos, pero todo comenzó cuando Éride lanzó la manzana de oro destinada a la más bella de las Diosas. Zeus no quiso intervenir en la subsiguiente disputa entre Hera, Afrodita y Atenea; dispuso entonces, que Hermes llevara a las tres Diosas al monte Ida donde Paris actuaría como juez.
   Poco antes del nacimiento de Paris, Hécabe soñó que daría a luz una antorcha cuyas llamas pondrían fuego en Troya. Príamo, de inmediato, consultó a su hijo, Ésaco, el adivino, quién dispuso que se deshicieran del niño, pues sería la ruina de Troya.
    Días después, Ésaco anunció: << la troyana que hoy dé a luz, debe ser destruida, igualmente, su hijo>>.
    Príamo, por consiguiente, mató a su hermana y a su hijo, nacido esa misma mañana; sin embargo, Hécabe dio a luz antes de anochecer y éste perdonó a ambos la vida. Los adivinos instaron a éste que matara al niño. Convencido, llamó a Agelao, el jefe de sus pastores, y le confió la tarea.
    Agelao abandonó al niño en el monte Ida, pero volvió días después, para criarlo él mismo. Con el tiempo, Paris se convirtió en un joven bello, inteligente y fuerte.
     Un día, cuidaba su ganado en el monte Gargáro, cuando Hermes, acompañado de las tres diosas, le entregó la manzana y el mensaje de Zeus. Paris fue presa de la turbación al oír las palabras de Hermes, alegando que era un simple mortal, expuesto a equivocarse.
    Al final, accedió, rogando a cada diosa que se desnudara para un examen más riguroso, que arrojaría la verdad sobre quién era la más bella.
    Luego de que las tres deidades posaran para él, y le hicieran a Paris, promesas tales como el poder sobre toda Asia, o sabiduría a manos llenas, o el amor de Helena, la mujer griega más bella, Paris adjudicó la manzana a Afrodita, seducido con la idea de poseer a la mujer más bella; mientras, Hera y Atenea, se alejaron despechadas.
    Cierto día, los servidores de Príamo fueron en busca de un toro del rebaño de Agelao. Sería el premio en los juegos fúnebres en honor de su hijo difunto. Paris los siguió, decidido a tomar parte en los juegos; éste conquistó la victoria en todas las pruebas, lo que provocó la ira de Deífobo y Héctor al ser derrotados, empuñaron los espadas, dispuestos a matarlo.
    Paris fue a refugiarse en el altar de Zeus, cuando apareció Agelao argumentando a Príamo que el joven era, en realidad, su hijo perdido. El joven fue llevado triunfalmente al palacio, donde su padre lo acogió con alegría.
En Troya se convocó a otro consejo para tratar el rescate de Hesíone, Paris se ofreció para encabezar la expedición, con el único propósito de ir a Esparta para raptar a Helena.
    La flota se hizo a la mar, y Paris llegó pronto a Esparta, donde Menelao le agasajó fervientemente. Días después, Menelao se embarcó para Creta, dejando que Helena se hiciera cargo del reino.

    Esa misma noche, Helena se fugó con Paris. Cuando se dirigían a Troya, una gran tormenta enviada por Hera, obligó a Paris a hacer escala en Chipre.
     Luego de un tormentoso viaje, llegó por fin a Troya, y celebró su boda con Helena. Toda Troya se enamoró de ella y Príamo juró que nunca la dejaría irse. Todo apunta a que éste fue el inicio de la guerra de Troya.

                                                          CLOTO (Andrea Anahí García)