miércoles, 18 de mayo de 2011

APULEYO Y SU ASNO DE ORO


DESDE OTRA PERSPECTIVA


<< Uno a uno, todos somos mortales, juntos, somos eternos >>.

LUCIO APULEYO

Lucio Apuleyo, también conocido como Apuleyo de Madaura, fue una notable figura de la literatura, la retórica y la filosofía platónica de su tiempo. Nació en Madaura (hoy Mdaurusch, en el norte de Argelia) hacia el año de 124 a.C. Estudió gramática y retórica en Cartago (Túnez), y filosofía platónica en Atenas. Más tarde ejerció la abogacía en Cartago y Roma.
     Gracias a la herencia paterna emprendió largos viajes y asiduos estudios, así como la frecuentación de astrólogos y magos; se inició, tambien, en los misterios de varias comunidades religiosas, así como en los ritos místicos de Isis, un rito presente y loado en su principal obra. Posteriormente se casó con la rica viuda Emilia Pudentilla, matrimonio que le trajo ciertas dificultades, pues fue acusado por la familia de ésta, de haberla seducido con hechizos y brujería. Para salir al paso de tales acusaciones, Apuleyo escribió la Apología (año 173), por la que se conoce su vida.
     Aunque fue el autor de diversos poemas y tratados, sólo se conserva Florida, una antología de sus discursos, tres de carácter filosófico: De Deo Socratis, De Platone et eius dogmate, y De Mundo, y por supuesto, la obra que daría fama inmortal a Apuleyo: la extensa narración en prosa en once libros que él llamó Metamorfosis, más conocida como El asno de oro. Sin embargo, ciertas fuentes señalan que el argumento de la novela no fue una invención de Apuleyo, sino que parece haberlo tomado de la narración hoy perdida  de un tal Lucio de Pratas; un relato que ya tenía la forma autobiográfica y del que se encuentra una versión más corta en griego atribuida a Luciano. “Esta novela breve que se atribuye a Luciano ofrece en una forma abreviada la misma historia que Apuleyo desarrolla –pasando de dos a once los libros del texto - y la que dota de un nuevo final.” 1
     No obstante, no es esto sobre lo que nos interesa discutir, sino hacer una breve reseña una obra que podría ser considerada como una de las precursoras de la novela fantástica contemporánea.

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La metamorfosis, comúnmente conocida como El asno de oro, es una novela que retrata las peripecias y aventuras del joven Lucio, un ser curioso que desea conocer el arte mágica en la ciudad de Tesalia, donde se presumía hacían uso de estas artes, capaces de provocar ese frenesí que tanto mal hace al corazón humano; hecho del cual no salió airoso el joven Lucio, pues al dirigirse allá, encontró a su paso, y sin saberlo, personas que tendrían algo que ver con el enorme giro que daría su vida: ser transformado, por medio de un ungüento mágico, en un animal, que aún en nuestros tiempos, es considerado uno de los animales de más bajo rango que existen dentro del reino animal: un burro, una “bestia de carga” con un aura de melancolía a cuestas, pues conoce de antemano su terrible destino, mas al contrario de lo que se piensa, este animal observa cada paso que da el hombre que se cree superior a éste, y casi siempre, no es el paso correcto.
     Así es como Lucio observa desde sus ojos de bestia, el acontecer humano, las faenas en las que se ve envuelto, y las humillaciones que es capaz de sufrir sin rechistar: cuando es secuestrado por una veintena de sanguinarios ladrones, quienes al advertir en Lucio cierta debilidad, amenazan al miserable con quebrarle las patas, y posteriormente, arrojarlo de un acantilado.
      Ésta y otras situaciones degradantes - como la zoofilia de la cual es presa una mujer acomodada que por unas cuantas monedas, desea pasar una noche con Lucio- tendrá que enfrentar Lucio en su camino hacia la conversión burro-humano.
     Finalmente, logra su cometido, pues al llegar a la ciudad de Zencreas, tierra corintia, Lucio sufre una especie de sueño-alucinación en el que vislumbra a la Luna; después de incesantes súplicas y promesas hacia la Diosa, para que pueda revertir el terrible hechizo del cual Lucio es presa; ésta le da como respuesta que espere a la próxima celebración e su nombre, y ahí hallará a un sacerdote que traerá consigo una corona, “la cual resplandecerá tejida de rosas delicadas y muy frescas”, rosas que servirán a Lucio para revertir el hechizo.  
Éste así lo hizo, seducido con los himnos y danzas solemnes ahí practicadas en honor a Isis; y he aquí que milagrosamente Lucio recupera su forma humana gracias a la diosa egipcia, en agradecimiento, Lucio planea convertirse en sacerdote de su religión, lo cual exige de disciplina y ciertas cualidades que se requieren para llegar a tal rango, requerimientos que éste aceptará con paciencia y fe para lograr esa enmienda.

El asno de oro, cómo se mencionó antes, es, podríamos decir, una de las pioneras de la novela fantástica que combina ingredientes realistas, míticos, religiosos y picarescos. En el inicio de la novela se alude a las artes mágicas, arte que no era bien visto, pero que aún se creía practicado por algunas mujeres no dignas de confianza; conocemos por diversas referencias que durante esa época podía palparse una misoginia tremenda, y todo lo referente a brujería o malos augurios, era producto de la mujer, mas en la obra sólo llega a vislumbrarse muy poco, pues el autor pinta a la mujer, ya no como un ser carente de ideas, sino como un ser que en su belleza y misticismo radica su esencia, como en el caso de la diosa egipcia, Isis.
    Otro de los elementos interesantes, es la inclusión de pequeñas fábulas o relatos que le dan un carácter didáctico a la obra; entre estos relatos se encuentra el mito de Cupido y Psique. Una fábula que Apuleyo logra transformar en casi una novelizacion del mito, por la complejidad de sus personajes, y la exuberante descripción que hace de los sucesos.


El asno de oro, considerada una obra didáctica ejemplar, nos permite ver desde la visión de un asno, las debilidades y defectos de una raza pensante que cree ser superior a cualquier otra especie que habite a su alrededor; un hombre (Lucio) que por curiosidad y picardía termina convertido en asno, hecho que le permitirá darse cuenta que los hombres más que pensar antes que actuar, se dejan llevar por sus instintos, convirtiéndose en aquellos animales (asnos) que ellos creían inferiores.
     Una obra escrita en primera persona, y con un estilo ameno, rayando en ocasiones, en lo poético; una historia que nos lleva de la mano del asno Lucio, y nos permite ver aquellos pantanos en los que se ha hundido el hombre: la avaricia, la crueldad, el escepticismo, la intolerancia, entre otras. Pero que al final, Lucio encuentra la respuesta, y su salvación en la religión, en aquel plano espiritual que atenúa los terrores del plano terrenal.
     Una novela que logra cautivar nuestra atencion, pues desde cualquier plano que se le mire, nos parecerá fascinante con la mezcla de diversos géneros: el realismo con una dosis de picardía entremezclado con el misticismo de lo religioso.   



REFERENCIAS BIBLIOGRÁFICAS.

1. Carlos García Gual en el estudio preliminar.

APULEYO, El asno de oro. Edit. Alianza, Madrid, 1993, 271 pp.

CLOTO (Andrea Anahí García C.)

lunes, 16 de mayo de 2011

El otro lado de Nerón.


El 12 de Abril inauguraron en Roma la exposición Nerone, sobre el emperador romano (37-68 d.C.), que promete mostrar otra cara del conocido déspota cruel y sanguinario que mató a su mamá y esposas.


La muestra se extiende por el foro romano, el foro palatino y el Coliseo y estará abierta al público hasta el 18 de septiembre de este año.


Para ir a la página oficial (en inglés e italiano) da click aquí.

domingo, 1 de mayo de 2011

Lírica griega

Arquíloco (Paros 680 a.C.- Naxos 643 a.C.)
Al contrario de la mayoría de los autores de su época Arquíloco se caracterizó por romper con lo hasta entonces establecido, tanto en la sociedad como en la poesía griega.
Dejó el ejército para convertirse en mercenario y se opuso a los valores heroicos, tan importantes entonces, estos hechos le valieron que su obra fuera prohibida en Esparta.
Su poesía es considerada por algunos como un antecedente del realismo literario, pues en ella expresa crudamente lo que se vivía en los campos de batalla. También crea el verso yámbico, con el cual usualmente se refiere a temas de sátira, obscenos y sobre todo controversiales.
Por todas estas razones, la obra de Arquíloco fue muy censurada y poco apreciada por sus contemporáneos, pero, más adelante se convierte en una gran influencia para otros poetas griegos, como: Catón, Catulo y Horacio.

Alceo (Mitilene, Lesbos 630 a.C.- 550 a.C.)
De familia aristócrata, Alceo vivió muy de cerca los conflictos políticos de su patria, hecho que marcó indudablemente su poesía.
Junto con Safo y Anacreonte hacen prevalecer la elegía monódica, o sea que a diferencia de los poetas anteriores ellos comienzan a usar vivencias más intimas como tema de sus poemas, este tipo de poesía es recitada por una sola voz y acompañada por una lira.
Los temas más frecuentes en la poesía de Alceo son: la guerra, los banquetes, cantos de amor o poemas hímnicos.
Es también el creador de la estrofa arcaica. De su obra no se conservan textos completos si no sólo fragmentos, aproximadamente 150.

Safo (Mitilene, Lesbos 650/610 a.C.- 580 a.C.)
Fue muy conocida por fundar una escuela para mujeres, al estilo de Platón, donde enseñaba artes, en especial danza y canto; algunos dicen que sostenía relaciones con sus alumnas, a pesar de que no hay pruebas fehacientes de ello en el 1073 el Papa Gregorio VII mando quemar los manuscritos con sus poemas.
Otros le relacionan también con su contemporáneo Alceo, se cree que algunos de sus poemas están dedicados para él y que incluso Alceo llego también a escribir poemas dedicados a Safo.
En su poesía prevalecen los temas amorosos y muy personales, una de sus más grandes inspiraciones fue la diosa Afrodita a quien compuso un himno.
Se le atribuye la creación de la estrofa sáfica, misma que influyo de manera notable sobre los escritores románticos; también influyo a grandes escritores de su época como Teócrito y Catulo.

Anacreonte (Teos 582 a.C.- Tesalia 485 a.C.)
Su obra representa un parte aguas para la poesía, pues él descarta de manera tajante todos los temas convencionales y se dedica por completo a la exaltación del amor, la belleza, la embriaguez y los banquetes.
Con una conducta que pudiéramos calificar de dionisiaca, rechaza por completo la guerra, la muerte y la vejez, concentrándose por completo en el goce de los placeres.
Posteriormente, sus poemas fueron imitados por un sinnúmero de autores y adquirieron el nombre de anacreónticas.

Píndaro (Cinocéfalos 518 a.C.- Argos 438 a.C.)
La obra de Píndaro es la que más completa ha llegado a nosotros pues se cuentan con cuatro libros de epinicios que son en total cuarenta y cinco odas, además de algunos fragmentos sueltos.
Los epinicios eran cantos que se componían en honor de los ganadores de los Juegos Panhelénicos, generalmente Píndaro utilizaba la victoria como entrada para presentar al atleta y después exaltar su belleza y bondad, valores que para él debían prevalecer ante todo.
Compuso además: himnos, peanes, partenios, cantos al vino, trenos, etc.
Se caracteriza por su lenguaje rebuscado y un uso excesivo de las figuras retóricas, además de disociaciones muy bruscas entre las imágenes poéticas.
Solía utilizar al final de sus poemas una especie de moraleja de humildad.

Teócrito (Siracusa 310 a.C.- Cos 250 a.C.)
Poeta alejandrino, considerado el primer poeta urbano.
Creador de la poesía bucólica o pastoril, a manera de “idilios”, que son pequeños poemas dialogados.
Uno de sus temas favoritos era la relación entre la naturaleza y el hombre, tanto así que creó el mundo de “Arcadia” en donde “hasta los dioses, semidioses y héroes están a la altura de los hombres”.

Láquesis.

Las hijas de la Noche

Las Moiras son hijas de Nyx, según Hesiodo, aunque algunos señalan que son hijas de Zeus y Nyx o de Zeus y Temis; sus nombres son Cloto (la hilandera), Láquesis (la distribuidora) y Atropos (la inflexible o indomable).
Se las representaba vestidas con túnicas blancas e hilando siempre el destino y la vida de los hombres. Sus decisiones eran inapelables, incluso para los dioses, sin embargo, hay autores, como Pausanias, que sostenían que Zeus tenía el poder de controlar sus acciones. Con el paso del tiempo aparecieron dioses, como Apolo, quienes intentaron cambiar sus designios y burlarse de ellas.
Una de las primeras creencias sobre las Moiras era que aparecían tres noches después del nacimiento de cada niño o niña para determinar su destino, tal vez por esta razón se cree que en algún momento estuvieron también ligadas con la fertilidad y que las novias les ofrecían regalos y mechones de cabello en espera de recibir sus dones.
En la época de Pericles las figuras de las Moiras ya estaban definidas y tenían una forma de representación más estable, aunque como sucede con otras deidades, su lugar en el “árbol genealógico” de los dioses suele cambiar según el autor que las mencione.
Estas deidades tenían varios templos en la antigua Grecia, además se adoraba las Moiras del nacimiento y de la muerte (Cloto y Atropos) en el oráculo de Delfos; los atenienses consideraban a Atenea como la más grande de las Moiras y en otros lugares ocurría lo mismo con Afrodita.
Las Moiras o Hijas de la Noche, jugaron un papel de suma importancia dentro de la Mitología griega, pues, como dueñas del destino eran quienes decidían la vida y fortuna de todos, desde de los simples campesinos, hasta de los héroes y dioses más importantes; también, gracias al papel sobresaliente que tuvieron nos podemos dar cuenta de que, tal como se representaba en la literatura, para los griegos el Destino era la mayor de todas las fuerzas y sin importar que hicieran, nunca lograrían escapar de sus mortales designios.
Láquesis


Bibliografía:
Garibay K., Ángel Ma. (1964 10º edición). Mitología griega. D.F, México: Editorial Porrúa.
Moiras. (2011, Marzo 29). Obtenido de http://es.wikipedia.org/wiki/Moiras
Imágenes obtenidas de www.google.com

martes, 26 de abril de 2011

LA ILÍADA (Canto I y II)

<< Aquí no todos los aqueos podemos ser reyes; no es un bien la soberanía de muchos... uno solo es príncipe, uno solo es rey; aquel a quien Júpiter ha dado cetro y leyes...>>

ULISES(Canto II)


El primer canto de La ilíada, contra todo pronóstico, no inicia con la desgastada frase “Había una vez”, sino que comienza la historia de distinta manera: sitúa la epopeya en el noveno año de la guerra de Troya, poco antes de finalizar.
     En las primeras páginas, podemos vislumbrar desde primera fila, las confrontaciones que surgen entre Agamenón (un personaje necio, y que evita a toda costa, abrir su mente a opiniones externas), y Aquiles (otro personaje igual de complejo, un joven valeroso que defiende sus ideales a capa y espada); a causa de las jóvenes Criseida y Briseida, prisioneras de Agamenón y Aquiles, respectivamente.
     El padre de Criseida, angustiado por el rapto, decide hacer un trato con Agamenón, suplicándole que le devuelva a su hija a cambio de las ínfulas de Apolo, a lo que éste rechaza. Abatido por la respuesta, pide ayuda a Apolo; éste accede y envía una terrible peste a las naves griegas.
     Aterrorizados con el abominable castigo, los griegos exhortan a Agamenón a entregar a la joven a su padre. Se niega rotundamente; finalmente, accede, pero como buen negociante, desea algo a cambio: la joven Briseida como premio. Aquiles se encoleriza, pero nada puede hacer, pues Agamenón al ser un rey, es superior.
      Luego de terminada la discusión, Aquiles llora su desdicha, e implora a Tetis, su madre, que pida a Zeus que restablezca su honor como el poderoso combatiente. Tetis sube hasta el Olimpo y hace su petición a Zeus, quién después de mucho pensarlo, y temeroso de la ira de Hera, acepta.
     El segundo canto da continuidad al plan que maquina Zeus para proteger a Aquiles. Zeus solicita los servicios del Sueño, para que introduzca su mensaje en la mente soñolienta de Agamenón, dicho mensaje consta de breves y concretas frases: “Arma a los melenudos aqueos, y toma Troya, la ciudad de anchas calles”, entre otras.
       Una vez que Agamenón hubo despertado, decidió consultarlo con los griegos. Éstos, ansiosos por volver a su patria, no vieron con buenos ojos la noticia, pues ya bastantes habían sido los años en los que habían combatido sin esperanza alguna.
      Sin embargo, Hera, molesta por lo que planeaban hacer, llamó a Atenea y le dijo que descendiera con los mortales, y los instara a seguir luchando.
     Atenea, sin contratiempo alguno, descendió del Olimpo para pregonar su mensaje en boca de Ulises. Atónitos con las palabras de Ulises, se olvidaron de sus temores, del ferviente deseo de retornar a su patria, y decidieron seguir luchando.
     Posteriormente, Homero enuncia a los principales combatientes de ambos bandos, los griegos y los troyanos, hace mención de su cuidad de origen, así como la cantidad de soldados que viajaban con éstos.       


En gran parte de La ilíada, podemos ver que cada vez que un personaje es mencionado, le es agregado un epíteto como: “el de pies ligeros” o “la de mejillas sonrosadas”, entre muchos más. Es como si el autor quisiera en cada momento reafirmar la condición de sus personajes, para que así tuviéramos siempre presente cómo es el personaje, qué tan distinto es de los otros; Bacca menciona: “la epopeya clásica encierra siempre un mito, aureolando personas concretas que ponen ante los ojos del griego, lo que en el alma lleva entreverado de conceptos, imágenes y anhelos” ; por citar un ejemplo, tenemos al joven Paris, un personaje “concreto” que representa en sí mismo la pasión, o Héctor, que representa en sí mismo el patriotismo; dando como consecuencia, un mito en torno a ellos, un personaje que encierra por sí mismo los anhelos del pueblo, deseando éste fervientemente ser algún día como Aquiles el divino o Ulises el ingenioso.

REFERENCIA BIBLIOGRÁFICA

GARCÍA Bacca, David. Estudio preliminar, La Ilíada, Ediciones Océano-Éxito, España, 23 pp.

                                                                                                                                         
CLOTO (Andrea Anahí García)
     Asimismo, conviene resaltar una singular característica de Homero, pues nos describe a los dioses como humanos divinizados, por así decirlo, ya que muestran éstos, vicios, virtudes y necesidades humanas como lo es el sueño o el deseo carnal; recordemos la angustia que aqueja a Zeus al no saber que hacer para proteger a Aquiles, causando un profundo insomnio en el dios. Así pues “dioses demasiado humanos”, algo esencial que nos ayuda a identificarnos con ellos.

jueves, 21 de abril de 2011

La fundación de Troya

Hay muchos mitos y versiones sobre la fundación de la ciudad de Troya, diferentes tribus se la atribuyen y cada una puede tener parte de verdad porque se conoce que existieron diez Troyas, siendo la séptima la de Homero.

La versión latina es la más extendida y la que, para mí, tiene más sentido: Yasión y Dárdano son medios hermanos, hijos de Electra, y se separan y combaten; Dárdano vence en Tróade y funda Corito; tiene a Ilo, Ideo y Erictonio, quien lo sucede y, casado con Astíoque, tiene a Tros y éste sucede a su padre. 

Mientras, Ilo gana en Frigia unos juegos y de premio le dan 50 hombres y 50 mujeres junto con una vaca y el consejo de fundar una ciudad donde se acostara el animal. Así fundaron Ilio, pero no la fortificaron; pidiendo una señal de aprobación a Zeus, éste respondió mandándoles la imagen de Palas.

Ilo tuvo con Eurídice a Laomedonte, y éste a su vez con Estrimo tuvo 5 hijos y 3 hijas. Laomedonte fue el que decidió amurallar Troya, con ayuda de Posidón y Apolo pero al terminar no les pagó, esto fue la causa de que cuando Heracles saqueó la ciudad mató a todos sus hijos menos a Príamo; Heracles le dió el trono y él volvió a construir Troya sobre los mismos cimientos. Su segunda esposa fue Hécabe, con quien tuvo 19 hijos e hijas (los otros 31 los tuvo con concubinas), entre ellos está Cassandra que estaba destinada a decir profecías pero a que nadie las creyera, resultado de una maldición de Apolo.

Príamo consiguió que Troya se recuperara. Un día convocó a un consejo para recuperar a su hermana Hesíone , que estaba en Grecia, pero como no hubo resultado con la diplomacia, esto fue una de las causas de la Guerra de Troya.

Atropos.

miércoles, 20 de abril de 2011

PARIS Y HELENA

<< Goza,goza de los encantos que a tu vista ofrezco... no doy fuerza ni valor, mas puedo ofrecerte hermosísima compañera.>>
AFRODITA


Cuando Helena, hija de Leda y Tindáreo, llegó al estado de mujer, todos los príncipes griegos se presentaron como pretendientes.
     Entre ellos se encontraba Odiseo, que aún sin tener la menor probabilidad de éxito, estaba dispuesto, en cambio, a ofrecer consejo a Tindáreo sobre cómo evitar querellas entre los contendientes.
     Siguiendo su consejo, Tindáreo hizo prestar a todos los reunidos, el juramento de que se unirían a aquél que Helena prefiriera. El elegido fue Menelao, quién llegó a ser rey de Esparta, y con quién procreó tres hijos: Hermione, Etiolao y Plístenes.
    ¿Por qué los Dioses proyectaron la guerra de Troya? Aún se desconocen los motivos, pero todo comenzó cuando Éride lanzó la manzana de oro destinada a la más bella de las Diosas. Zeus no quiso intervenir en la subsiguiente disputa entre Hera, Afrodita y Atenea; dispuso entonces, que Hermes llevara a las tres Diosas al monte Ida donde Paris actuaría como juez.
   Poco antes del nacimiento de Paris, Hécabe soñó que daría a luz una antorcha cuyas llamas pondrían fuego en Troya. Príamo, de inmediato, consultó a su hijo, Ésaco, el adivino, quién dispuso que se deshicieran del niño, pues sería la ruina de Troya.
    Días después, Ésaco anunció: << la troyana que hoy dé a luz, debe ser destruida, igualmente, su hijo>>.
    Príamo, por consiguiente, mató a su hermana y a su hijo, nacido esa misma mañana; sin embargo, Hécabe dio a luz antes de anochecer y éste perdonó a ambos la vida. Los adivinos instaron a éste que matara al niño. Convencido, llamó a Agelao, el jefe de sus pastores, y le confió la tarea.
    Agelao abandonó al niño en el monte Ida, pero volvió días después, para criarlo él mismo. Con el tiempo, Paris se convirtió en un joven bello, inteligente y fuerte.
     Un día, cuidaba su ganado en el monte Gargáro, cuando Hermes, acompañado de las tres diosas, le entregó la manzana y el mensaje de Zeus. Paris fue presa de la turbación al oír las palabras de Hermes, alegando que era un simple mortal, expuesto a equivocarse.
    Al final, accedió, rogando a cada diosa que se desnudara para un examen más riguroso, que arrojaría la verdad sobre quién era la más bella.
    Luego de que las tres deidades posaran para él, y le hicieran a Paris, promesas tales como el poder sobre toda Asia, o sabiduría a manos llenas, o el amor de Helena, la mujer griega más bella, Paris adjudicó la manzana a Afrodita, seducido con la idea de poseer a la mujer más bella; mientras, Hera y Atenea, se alejaron despechadas.
    Cierto día, los servidores de Príamo fueron en busca de un toro del rebaño de Agelao. Sería el premio en los juegos fúnebres en honor de su hijo difunto. Paris los siguió, decidido a tomar parte en los juegos; éste conquistó la victoria en todas las pruebas, lo que provocó la ira de Deífobo y Héctor al ser derrotados, empuñaron los espadas, dispuestos a matarlo.
    Paris fue a refugiarse en el altar de Zeus, cuando apareció Agelao argumentando a Príamo que el joven era, en realidad, su hijo perdido. El joven fue llevado triunfalmente al palacio, donde su padre lo acogió con alegría.
En Troya se convocó a otro consejo para tratar el rescate de Hesíone, Paris se ofreció para encabezar la expedición, con el único propósito de ir a Esparta para raptar a Helena.
    La flota se hizo a la mar, y Paris llegó pronto a Esparta, donde Menelao le agasajó fervientemente. Días después, Menelao se embarcó para Creta, dejando que Helena se hiciera cargo del reino.

    Esa misma noche, Helena se fugó con Paris. Cuando se dirigían a Troya, una gran tormenta enviada por Hera, obligó a Paris a hacer escala en Chipre.
     Luego de un tormentoso viaje, llegó por fin a Troya, y celebró su boda con Helena. Toda Troya se enamoró de ella y Príamo juró que nunca la dejaría irse. Todo apunta a que éste fue el inicio de la guerra de Troya.

                                                          CLOTO (Andrea Anahí García)